Testimonio Cristina Ashardjian

Hace casi diezCristina Ashardjian años tuve mi primer acercamiento al enfoque de Aulas Heterogéneas y desde ese momento ha comenzado en mi carrera docente una nueva manera de pensar mi práctica. Por un lado, teniendo en cuenta la diversidad con la que comparto día a día el aula, diversidad de intereses, habilidades, culturas, de afectos y de relaciones sociales, diversidad de inteligencias, de motivaciones y de ritmos de aprendizajes, de formas de comunicación, entre otras. Por otro, preguntándome cómo abordar una diversidad tan grande, cómo planificar propuestas que tengan en cuenta las posibilidades de cada alumno, cómo y por dónde empezar.

Fui dando mis primeros pasos de a poco, abriendo una puerta por vez a través de dos aspectos que me parecían importantes, elaborar consignas auténticas y fomentar la autonomía de los alumnos. Desde aquí comencé a recorrer este camino con aciertos y desaciertos, temores y certezas, repensando las propuestas (que se fueron afianzando al ver cómo los alumnos se involucraban y fueron siendo protagonistas de sus procesos de aprendizaje), abordando nuevos desafíos, buscando los alumnos también, junto con sus pares, maneras de llegar a la meta.

Podría afirmar que al continuar capacitándome, profundizando en el enfoque y al observar el interés de los alumnos (cómo se desenvuelven y abordan los proyectos) me fui animando, junto con otros docentes, a seguir andando. Lo que me motiva a continuar reflexionando sobre mi práctica, buscando, dentro de las posibilidades y el enfoque de cada institución, la manera de plasmarlo en el aula fue y es brindar a los niños, aunque sea durante el tiempo de su paso por la escuela, la oportunidad de transitar de una manera diferente su proceso de aprendizaje. Donde cada uno desde sus posibilidades y habilidades puede ir apropiándose de un nuevo conocimiento, poniendo en juego sus fortalezas y reconociendo qué aspectos aún necesita afianzar.

Es fascinante el observar, presentada una propuesta, el entusiasmo, la interacción que se da entre los compañeros, la manera en que se apropian de las diferentes actividades, cómo colaboran entre ellos y cómo el docente es un facilitador y no la persona de quien depende que “el grupo trabaje”. Lleva tiempo planificar y volver sobre las propuestas una y otra vez, pero vale la pena asumir el desafío ya que son los alumnos quienes las llevan adelante creando un clima distendido donde todos pueden participar siendo protagonistas.

Me gustaría resaltar un aspecto importante para mí en este camino: el buscar otros maestros con quienes compartirlo. En mi experiencia personal, el trabajar con otra docente que no pertenece a mi Institución educativa, elaborando proyectos para su grupo de alumnos y su institución así como para el mío me ha animado a continuar y confiar en que es posible una manera diferente de abordar la enseñanza teniendo en cuenta la diversidad y tomando a esta como una oportunidad de crecer y aprender. Aún queda mucho camino por andar.

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